viernes, 18 de febrero de 2011

Cual muñeco de papel...

Quiero arrugarte,
cortarte y rayarte
romperte y botarte al cesto.

Quiero que sangres
y que te duela.
Que implores por piedad.

Quiero que llores,
que a mis pies supliques
y ruegues mi perdón.

Quiero arañarte
y destruirte.

Que grites y llores
y me odies en tu perdición.

Arrodíllate a mis plantas
para que te conceda mis disculpas.

Besa el suelo en que me paro
para que así yo te otorgue la más ruin de mis mentiras.

martes, 8 de febrero de 2011

Mi último aviso


Blanco velo que me envuelve, negro mi corazón.

Una cálida sonrisa tú miras, mas podrida el alma que te contempla con cinismo y se desmorona en mórbido placer: devorando tu ilusión, arrancando de un tajo tus anhelos. Esa soy yo.

Con palabras dulces y tiernos gestos crees llenar el vacío, pero el inevitable fracaso te aguarda, pues ánima perdida soy, tu desgracia, tu maldición.

Nada de ti hay que pueda yo querer, así que por lástima te doy mi último aviso: ¡Ay de ti, si insistes con malgastar tu valioso tiempo! Que en el eterno suspenso te dejaré agonizando, robándote los restos de vida que te quedan.

Que quede claro: ya estoy colmada de insistencias, de palabras descuidadas y adoraciones que no me causan ni cosquillas. Regresa por donde viniste y no me provoques más pena, que sólo ennegreces mis podridas perspectivas.

Lo único que alimentas es  mi ego, mi maldad, que con cada: "No, gracias", levantas en el altar.

¡Anda! Haz que lo diga de nuevo. Ponte una vez más a mis pies, para que pisoteé tus últimas ilusiones.

Si aún no te has rendido, entonces deja que yo, la bruja, se siga aprovechando de ti sin compasión alguna. Ven y vuelve a besarme los pies como siempre lo haces, que la advertencia te he hecho y sólo espero  a que salgas huyendo, igual que el resto. Que dejes de importunarme, será mi auténtica dicha.




miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sin palabras

Simplemente ya no digo nada. Sólo veo esa foto y me pregunto cuáles fueron los pensamientos que atravesaron tu mente en aquel instante. Ya no hay vuelta atrás, lo sabes, ¿no es cierto?

Sencillamente me pregunto, ¿alguna vez tu corazón tuvo algún arrepentimiento? ¿A dónde ha ido el brillante futuro que tenías por delante?

Me hablabas de planes y posibilidades, y ¿sabes qué? ¡Me las creí! ¡Sí!, y ahora no veo a dónde ha ido todo ello.

Como la piedra en el desierto, las palabras se erosionaron. Has deshecho tu futuro, tu camino se ha ido por otro rumbo y ahora... Yo no soy quién para reprocharte nada.

Pero me entristece, porque mañana, con tristeza, tú serás quién diga: "Debí haber cumplido mi palabra".



jueves, 16 de diciembre de 2010

Locura de amor

¿Por qué no me miran tus inocentes ojos?
Te los arrancaré para que sólo se dirijan a mí.
¿Por qué no me tocan tus gráciles dedos?
Te cortaré las manos para que yo sólo pueda tenerlos.
¿Por qué no me cantas con tu graciosa voz y clamas mi nombre con desesperación?
¡Ya sé! Te cortaré la lengua para que no puedas llamar a nadie más.
Mucho desearía que hacia mis brazos corrieras.
Tal vez sin piernas de mí jamás te apartarás.
Y ya que te adoro con tal desenfreno, ¿por qué no me entregas tu corazón?
Aún latiendo y ensangrentado, seguro que es un buen regalo para quien te ama con tal locura y sinrazón.

Presa en una noche sin estrellas

En esta noche sin luna quiero escuchar el crujir de tus huesos y saborear la sangre chorreante de tu vencido cuerpo.

Mirar tus ojos sin brillo oscurecerse en la neblina espesa y observar tu piel poco a poco pudrirse entre la tierra.

¿Qué más puede pedir tu alma insincera? Es una muerte bella la que te ofrezco, bajo este manto sin ninguna estrella.

Puedes suplicar, puedes llorar, mas la rabiosa mirada que te acecha jamás se detendrá.

Hazme caso, desdichado amante, deja que los gritos y gemidos se conviertan en placer, pues a lo que esta noche he venido no se podrá deshacer.

Sufre como jamás has sufrido, pues no hay perdón para tu ser. ¡Ruega, implora, gime...! Que tus huesos ya son de papel.

Mas...
Un alivio tienes, en medio de tanto dolor: finalmente me has hecho feliz, tal como una presa a su cazador.

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