Una cálida sonrisa tú miras, mas podrida el alma que te contempla con cinismo y se desmorona en mórbido placer: devorando tu ilusión, arrancando de un tajo tus anhelos. Esa soy yo.
Con palabras dulces y tiernos gestos crees llenar el vacío, pero el inevitable fracaso te aguarda, pues ánima perdida soy, tu desgracia, tu maldición.
Nada de ti hay que pueda yo querer, así que por lástima te doy mi último aviso: ¡Ay de ti, si insistes con malgastar tu valioso tiempo! Que en el eterno suspenso te dejaré agonizando, robándote los restos de vida que te quedan.
Que quede claro: ya estoy colmada de insistencias, de palabras descuidadas y adoraciones que no me causan ni cosquillas. Regresa por donde viniste y no me provoques más pena, que sólo ennegreces mis podridas perspectivas.
Lo único que alimentas es mi ego, mi maldad, que con cada: "No, gracias", levantas en el altar.
¡Anda! Haz que lo diga de nuevo. Ponte una vez más a mis pies, para que pisoteé tus últimas ilusiones.
Si aún no te has rendido, entonces deja que yo, la bruja, se siga aprovechando de ti sin compasión alguna. Ven y vuelve a besarme los pies como siempre lo haces, que la advertencia te he hecho y sólo espero a que salgas huyendo, igual que el resto. Que dejes de importunarme, será mi auténtica dicha.
Simplemente ya no digo nada. Sólo veo esa foto y me pregunto cuáles fueron los pensamientos que atravesaron tu mente en aquel instante. Ya no hay vuelta atrás, lo sabes, ¿no es cierto?
Sencillamente me pregunto, ¿alguna vez tu corazón tuvo algún arrepentimiento? ¿A dónde ha ido el brillante futuro que tenías por delante?
Me hablabas de planes y posibilidades, y ¿sabes qué? ¡Me las creí! ¡Sí!, y ahora no veo a dónde ha ido todo ello.
Como la piedra en el desierto, las palabras se erosionaron. Has deshecho tu futuro, tu camino se ha ido por otro rumbo y ahora... Yo no soy quién para reprocharte nada.
Pero me entristece, porque mañana, con tristeza, tú serás quién diga: "Debí haber cumplido mi palabra".